Santos

Simple y práctico. Parte de la máxima doctrinaria de nuestro movimiento definió también la dirección de las artes en los días y noches peronistas, con la firme convicción que la única creación verdadera era la que el pueblo sentía y adoptaba como propia.

¿Y no debe ser ese el sentido de una composición? Cualquiera sea, si la orientación de una obra cinematográfica, musical, teatral, literaria, etc., no está dirigida a penetrar en la comunidad en su conjunto, su fin no es más que la mera saciedad de un sentimiento de vanidad de su creador, o sea, el despojo de uncomplejo mesiánico o hedonista, muy común en los artistas contemporáneos.

La experiencia marca que el amor del pueblo hacia sus artistas se basa en un principio fundamental: la pertenencia. Y nunca se puede amar a alguien que se apoya más en lo estético. Desde este punto se puede fundamentar también el natural sentimiento popular hacia nuestro movimiento, ya que el peronismo es masivo por la coincidencia entre sus preceptos con los de los del pueblo.

Algunos músicos están en los viaductos, y sus letras adornan rincones de Buenos Aires, una Buenos Aires que va teniendo memoria selectiva,que según el color política que comande su destino,  define su cultura aunque en realidad solo posee durante un cierto período el manejo de su ABL.Pero ni todo el progresismo internacionalista en sociedad,  con su amante neoliberalismo marketinero, puede ingresar con fórceps esas expresiones en el imaginario popular argentinocomo lo hicieron naturalmente frases como: “el que no llora no mama, y el que no afana es un gil”, o “cuando rajés los tamangos buscando este mango que te haga morfar, la indiferencia del mundo, que es sordo y es mudo, recién sentirás”. Es aquí donde encontramos un artista del Pueblo, uno de los grandes, de esos que nacen y son del Pueblo porque trabajan para dar voz a ese Pueblo que a su vez lo lleva en corazón: Enrique Santos Díscepolo, fue uno de esos. Discepolínescribía a los suyos, a los nuestros, que somos la mayoría.

Prescindir de Discépolo para definir la cultura en las épocas peronistas, (aunque vale aclarar que las citas antes descriptas fueron escritas antes del 45) sería una falta digna de ser reprochada. Igualmente, es el fin de estas sencillas líneas la simple descripción de una época en un campo determinado, y no es analizar su trayectoria, aunque sí su influencia.

La trascendencia de Discépolo en las artes nacionales es muy honda. Aunque es real que expresiones textuales o del léxico de Discépolo están muy apegadas a los primeros cincuenta años del siglo XX, su influencia se puede notar en las cualidades del ser nacional, para mayor especificidad, del ser porteño. Lo bucólico pero comprometido. Lo pasional. Lo nocturno pero iluminado. Lo amargo, como le dijo Gardel, pero sincero.

Hoy podemos dar cuenta de lo que dejó. Ni en su época de actividad (hay que recordar que hubo una época, previa al peronismo, en la que fue hasta casi denostado por algunos de sus pares y los finos críticos) ni en las décadas próximas a su deceso se pudo notar con claridad.

Lo brillante que refleja en su obra, tanto teatral como musical, surge de su lectura del pueblo, de su análisis del pueblo, que no era realizado desde un pedestal, sino desde su interior. El ser urbano de esas épocas era muy diferente al actual, ya que el arrabalero, el orillero de la ciudad, tenía costumbres más definidas por su entorno próximo que por máximas importadas. Desde su hablar y vestimenta hasta en su actuar.

El artista popular llega a ser popular por, sin premeditación ni estudio, lograr la coincidencia entre su arte y el sentimiento del otro, su pertenencia, como se escribía anteriormente. Y Discépolo, sin contar sus inicios en el teatro, siguió una línea definida desde sus principios. Pero como la historia de todos los que generan un antes y un después, fue resistido al surgir. Él componía letra y música, y su letra y música eran algo distantes a lo que se escuchaba en la composición popular citadina a fines de los 20. Con “Esta noche me emborracho”  comenzó a lograr cierta aceptación, siendo cada uno de sus tangos de allí en adelante como breves historias surcadas por el pesimismo y definición del ser rioplatense.

Cuando en 1930 Gardeleditó “Yira Yira”, el idilio del artista con el pueblo tuvo su punto de impacto, y, junto con “Cambalache” de 1935, son tanto sus creaciones de mayor resonancia como las que definen su obra musical. El personaje de ambos tangos se hizo uno con el pueblo en esa época, en la que no había llegado la expresión doctrinaria y política para acompañarlo. Por entonces, su pertenencia residía en esos tangos. “Uno” y “Cafetín de Buenos Aires” son otras de sus composiciones de mayor popularidad e inmortales.

El peronismo fue el reflejo de lo que Discépolo entendía como la realidad política, económica y social. Y con profunda convicción lo defendió, desde su posición, ganando así el vacío de muchos de los integrantes del ambiente de las artes nacionales. El mordisquito tan nombrado definía al antiperonista. Y fueron quizás esos años los más grandes de Discepolín. No desde su arte, sino desde lo genial de su militancia, irónica y a la vez clara. El peronismo le dio a su obra un sentido de realidad más allá del amor del otro. Es decir, sus palabras comenzaron a tener un sentido de penetración e importancia en el pueblo que iba más allá del fin de entretenimiento en el que caen muchas veces las creaciones artísticas.

El cambio social que produjo el peronismo fue suficiente para que Discépolo lo abrazara, porque si hay algo que no le faltaba era su agudeza no solo para crear, sino también para ver la realidad. Ese cambio que hizo al descamisado y al trabajador centro de la vida nacional tuvo en Discépolo un interlocutor brillante.

Discépolo murió de un infarto en diciembre de 1951, meses antes del paso a la inmortalidad de Eva Perón. Si se le quiere añadir un aura mística a su partida física, se dice que lo inundaba una profunda tristeza en los últimos días de su vida, que puede haber versado la generación de un ida y vuelta a veces desgastantecon los círculos antiperonistas, tanto en sus intervenciones radiales como en diferentes boicots a su obra en teatros.

Si se sigue la línea de la melancolía en su muerte, hay que decir que la misma fue coherente con sus palabras, y lo actual en su época coincide con lo profético. Lo que lo enaltece aún más. Y por los hechos que en nuestra patria que sucedieron a su muerte se puede definir que murió por argentino y peronista.

Sin ánimos de victimización, actitud en la que nuestro movimiento no debe caer nunca, sino de simple hechos que ocurrieron, la memoria de este artista único fue tergiversada por su fidelidad al peronismo. Y la forma más directa de matar a un ícono es desdibujar lo que queda de él en el pueblo (actitud de la post verdad tan citada en la actualidad) Parece que el ser peronista, y más con la lealtad y honor que demostró en acciones Discépolo, es, fue y seráun pecado para aquellos que lo sienten como el “hecho maldito”.

Es por eso que las actuales generaciones debemos rescatarlo tanto desde las mordaces intervenciones poéticas radiales como desde sus letras, enalteciendo su memoria desde su obra, haciendo un contrapeso con la superficialidad con la que es recordado por los sectores progresistas y liberales, ya que no hay artista con igual trascendencia como Discépolo en nuestra cultura popular, y no hay uno tangrande que haya sido peronista, o sea, un verdadero y comprometido artista del pueblo.

El magnetismo inherente a lo brillante de las palabras simples, directas, a la médula, sin guirnaldas ni pomposidad, que poseen selectos artistas, es el que debemos abrazar como pueblo época tras época, y el que deben revisar las generaciones futuras de creadores para mantener el sentido de las artes populares.

José Ignacio Scarpaci

Periodista. militante sindical.

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