Hacia un modelo económico para el Proyecto Nacional

En estas duras horas en que la gente apenas tiene para comer, se percibe el caos de desgobierno de la actual administración, muchos amigos nuestros repiten la idea de que “no hay otra salida” que ajustar, privatizar, y honrar las deudas. Y muchos compañeros y compañeras también nos vienen a preguntar cuál sería la alternativa, ante el insistente silencio o la crítica generalizada de muchos de nuestros representantes políticos.

Tenemos un problema manifiesto: si llegamos a ser Gobierno en 2019, ¿qué tenemos que hacer? Nuestra militancia, y quienes quieren alguna respuesta, primero deben preguntarse qué somos. Yo no tengo certezas absolutas, pero creo tener alguna idea de qué somos. Somos peronistas, nacionales y populares, y defendemos al Pueblo contra la oligarquía y las influencias imperiales extranjeras. Tal vez seamos otra cosa… pero entonces tendremos que revisar toda la doctrina desde 1945 a la fecha.

En el peronismo, es muy difícil errarle. Perón no nos legó un predicamento total de cómo hacer las cosas, sino una simple doctrina de tres puntos: independencia económica, soberanía política y justicia social. Cualquiera puede entenderlos, y cualquiera puede saber que el macrismo no ha cumplido ninguno de estos objetivos.

En 2019, el presidente Mauricio Macri va a dejar su gobierno con un incremento del desempleo de entre 7 y 9 puntos porcentuales (de 5,9% en el tercer trimestre de 2015 al 9,6% en el segundo trimestre de 2018 y podría llegar a casi el 13-15% en septiembre de 2019), una caída de la producción per cápita de casi 10%, la industria viene cayendo desde septiembre de 2015 al mismo mes de 2018 un 16% en total, y no existen expectativas de que se recupere el año que viene.

Finalmente, la deuda externa aumentó US$94.000 millones (56% de aumento), siendo que restan incorporarse US$36.000 millones del Fondo Monetario para el año próximo. Es un escenario solamente superado por desastres económicos como el de Grecia o una guerra.

Destruir la industria, endeudar al país, y aumentar el desempleo son exactamente la contracara de la independencia económica, la soberanía política y la justicia social. La diferencia entre ellos y nosotros es que ellos sí tienen en claro a qué sectores responden y cuáles políticas los benefician, y nosotros muchas veces tendemos a dudar.

La única forma de levantar las banderas políticas del peronismo en este país es cambiar el rumbo económico y poner el foco en la base social de nuestro país: los trabajadores. Sean ellos del sector privado, público, o de la economía popular, formal o informal, con trabajo o desocupados. Pero no va a ser fácil: este gobierno ha generado derechos y status quo para los acreedores y para los rentistas que además se encuentran garantizados por el Fondo Monetario, quien nos somete a un sombrío destino.

Cuando asumamos, tenemos que tener bien en claro que vamos a hacer, y a quién vamos a representar. Si representamos al Pueblo y a los trabajadores como columna vertebral de ese Pueblo, tenemos que hacer pagar a los beneficiarios de este modelo (rentistas de la región pampeana, fugadores de divisas y acreedores en moneda extranjera), y proponer un modelo estratégico en el cual la industria, el Estado y el Sindicalismo y Organizaciones Sociales sean los ejes estructurantes.

En materia financiera, es imperante declarar (o amenazar con) el impago de la deuda externa, a los fines de negociar una reestructuración con una quita no inferior al 50%, expresada en mayores plazos de la deuda, para reducir el peso de los intereses en el corto plazo. También debemos restituir una política de control de cambios y control de la fuga de divisas, que puede estar instrumentada como una limitación a la compra de dólares o un impuesto a la misma. Finalmente, es importante volver a una política de garantía estatal de los depósitos en pesos y orientación del crédito para el sector productivo a tasas de interés bajas y reguladas.

En materia comercial, debemos restituir el control de la exportación de cereales de la región pampeana, que puede ser a través de retenciones (experiencia Kirchner) o administración del comercio exterior (experiencia Perón). En algunos casos puntuales, como los propietarios extranjeros, sería interesante poner en debate la propiedad de la tierra, que, como bien escaso, es generador de renta extraordinaria sin trabajo. Por el lado del ingreso de productos, sería imprescindible restituir las limitaciones a la importación de productos que se puedan producir en el país, y recuperar los aranceles consolidados del Mercosur para los productos más importantes.

De esta manera, el Estado recuperaría ingresos fiscales (por el comercio exterior y los impuestos a la fuga de capitales) y reduciría los gastos (por la reestructuración de la deuda). Las mejoras en el ingreso neto de divisas y en el superávit fiscal deben ser utilizadas para inversión industrial productiva e inversión social.

Se debe realizar una política industrial vinculada a grandes proyectos estructurantes centrados en el Estado (obra pública, industria nuclear, satelital, ferrocarriles y transporte, de comunicaciones, de medicamentos, de biotecnología y semillas, de maquinaria agrícola, de software, entre otros rubros claves).

En paralelo, se debe fomentar la capacitación y el empleo, y el desarrollo de un mercado doméstico para que las Pymes puedan volver a vender y ser rentables. Sería crucial en este sentido pesificar el gas en boca de pozo, renacionalizar las empresas de transporte y distribución de gas y de distribución eléctrica, junto con el marco regulatorio correspondiente, a los fines de congelar tarifas y mejorar la rentabilidad industrial y el salario en el bolsillo de los trabajadores. Una vez alcanzado este punto, y con paritarias que emparden o ganen a la inflación, las principales miserias de los trabajadores habrán sido paliadas.

Pero quedan los grupos más vulnerables: las personas mayores y los niños. Para ellos, todo. Es necesario recuperar al menos el poder adquisitivo de la jubilación mínima y de la Asignación Universal por Hijo del período 2011-2015, el Salario Mínimo, Vital y Móvil, junto con el Salario Social Complementario de la economía popular, y reconstituir la jubilación mínima como un verdadero plan universal jubilatorio financiado con impuestos.

Una vez que ha resuelto la coyuntura y paliado el hambre, un gobierno peronista debe tener su reforma laboral que atienda los derechos de los trabajadores, entre ellas, la participación en Ganancias, el doble aguinaldo para trabajadores del Estado si el país crece, la participación de los trabajadores en la dirección de las empresas, un sistema integral sindical de capacitación y estudios universitarios obreros, el incremento de los días mínimos de vacaciones y la reducción de la jornada laboral o la cantidad de días laborables.

Si esto no es peronismo, que alguien me diga qué es.


Genaro Grasso

Licenciado en Economía (UBA). Investigador en el Centro Cultural de la Cooperación y Proyecto Económico.