EL LIENZO DEL PUEBLO

Existe una unión directa entre el arte en los primeros 10 años de Juan Perón en la presidencia y la expresión natural del Pueblo. Así como se plasmó en la nota sobre Discépolo, la obra de los artistas peronistas fluía libremente y con total comodidad en la Comunidad Organizada.

De la misma forma, fluía la manifestación del pueblo. El propio gobierno del General comunicaba de una forma particular -y original en esos tiempos- sus acciones, manejando de forma magistral lo visual, reflejando y no solo entendiendo la cultura popular. Pero también el Pueblo se expresaba por sus medios. Las pintadas eran la herramienta de los trabajadores, con la pared blanca como su lienzo. Los afiches o panfletos, los del gobierno.

Se han escrito libros, ensayos, sobre ambos temas; pero lo que se intentará poner en valor resumidamente en esta nota es el sentido cultural y artísticamente profundo de los afiches y las pintadas.

La radio, los diarios, “Sucesos Argentinos” en la previa de cada película en los cines. No se contaba con muchos medios más para difundir los actos de gobierno en 1946. El afiche era utilizado como un mero artilugio electoralista, pocas veces informativo, y su contenido se formaba por escritos kilométricos que eran casi una página más de los periódicos. De esta forma, se perdía tanto la atención como el público al que era dirigido. El peronismo logró situar a la clase popular en el centro de la acción del Estado, y no podía escapársele la comunicación con ella.

El “BRADEN o PERÓN” fue el primer ejemplo de esta nueva forma de comunicarse con el Pueblo. Directo, al hueso. Dos segundos bastaban para ver el afiche, también para entender el mensaje. Pero hasta ahí no se apartaba del sentido electoralista antes dicho. Pasó la elección. Perón arrasó, y la voluntad popular lo eligió su representante, lo que llevó a proseguir esa línea de ser claro y real con el Pueblo.

Allí nace el sentido pedagógico de los afiches, una cualidad propia de Perón que logró imprimir a su gobierno. El pueblo trabajador debía saber, entender. Obviamente, quitar o desconocer el objetivo propagandístico de un afiche o panfleto de cualquier gobierno sería pecar de hipócrita o caer en la inocencia. Sin embargo, el valor didáctico, formativo de los afiches peronistas lograba opacar dicho fin. Ya no se buscaba el simple golpe de efecto en quien lo veía, sino también despertar el ansia de conocimiento.

Se podría preguntar: ¿dónde se encuentra lo artístico en una imagen proselitista? Fácil demostrarlo con la simple observación. Si bien, por un lado, no se puede negar una influencia del arte de otras latitudes, hay algo que nuestro movimiento siempre supo hacer: ilustrar el sentimiento popular argentino, porque lo hace desde sus entrañas y no como un mero observador.

Tras 1955 y el golpe de estado, el sentido artístico en los afiches de gobierno fue decayendo con el pasar de los años. No solo su presentación (en algunas ocasiones, hasta hubo plagios de los creados en otros países), sino que también desapareció totalmente el propósito de enseñar, y se buscaron el efecto y el resultado.

Otro de los grandes logros del peronismo, digno de ser valorado, es la forma de expresión que el Pueblo encontró por medio de las pintadas. Con lo que tenían a mano (tiza, carbón, barro), los trabajadores decían lo que querían decir usando la pared como papel en blanco. Y eso, en sí y por la forma de utilización de la época, fue arte popular.

Las paredes eran signos de los tiempos. El anonimato era utilizado con fines tanto informativos como de denuncia. En épocas de proscripción, el Pueblo manifestaba así de qué lado estaba.

Tanto por la calidad de lo escrito como por su repentización, se evidenciaba que era el Pueblo trabajador el que se expresaba, representado en algunos casos por la Resistencia. Eran tiempos en los que no existía un testeo de marketing pequeñoburgués (como en la actualidad) para saber qué frase, palabra o imagen impactaría más o menos, y cuál ayudaría a mantener el status de algunos dirigentes o agrupaciones.

Si las fábricas y las calles eran el hogar del pueblo peronista, las paredes eran tanto su lienzo como su medio de expresión y difusión. Porque nuestro movimiento no necesita de grandes conglomerados informativos para llegar al alma de los trabajadores, porque está formado por el espíritu y corazón de los trabajadores. 

El 17 de octubre de 1945 el Pueblo se había despertado, y no se iba a quedar callado. Ni siquiera cuando la Fusiladora tiró sus bombas. Es como si la acción peronista, y los afiches que la expresaban, hubieran despabilado el alma popular. Y una vez despierta, difícil fue volver a dormirla.


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José Ignacio Scarpaci

Periodista. militante sindical.