Mary Terán, la raqueta de las mayorías

Nació en Rosario, provincia de Santa Fe, un 29 de enero de 1918. Hija del encargado del buffet en el Rowing Club de Rosario, comenzó a jugar al tenis con 12 años. Durante su trayectoria deportiva, participó en 1.100 partidos internacionales de tenis, de los cuales se impuso en 832. Así se convirtió en la primera tenista argentina top ten mundial, anotando el primer set a favor del deporte para el Pueblo. Y lo representó entre la oligarquía, en un deporte de “elite”.

Se casó con el tenista Heraldo Weiss (peronista, campeón argentino y capitán del equipo de tenis de la Copa Davis) quien fallecería algunos años después. La pérdida de su compañero de vida dejaría a Mary golpeada por una tristeza inimaginable. Fue entonces cuando sus vínculos con el peronismo comenzaron a estrecharse.  El partido de su vida quedaba empatado: al morir Weiss, una mano se le extendería, la de Juan Perón. El General, en declaraciones públicas, describió cómo la política profundamente humanista del peronismo se trasformó en esa mano que Mary necesitaba. “Sin nuestra ayuda, no le hubiera sido posible a Mary Terán participar en los torneos ingleses y hacer en Wimbledon un papel decoroso”, explicó Perón. “La enfermedad de su esposo consumiría todos sus bienes, las reservas monetarias incluidas. Y ella se vio obligada a empeñar hasta los trofeos. Nosotros, por razones humanitarias, no podíamos permanecer indiferentes”. En ese momento, Mary comprendió lo que tanto le había dado el Pueblo argentino a través del Estado Justicialista. Militar por un proyecto de país y por un deporte para el Pueblo surgió una vocación natural que le nacía de las entrañas.

En julio de 1951, se conformó el Ateneo Deportivo Femenino Evita, primera y única institución para el deporte femenino. Mary se desempeñó como su Vicepresidenta. Su idea era popularizar la práctica de esta actividad y llevarla a niñas y mujeres de todos los sectores sociales del país. También colaboró como asesora de la Dirección de Deportes de la Municipalidad de Buenos Aires junto con Juan Manuel Fangio. Desde ahí organizaban torneos deportivos infantiles para los únicos privilegiados (los niños). Con su militancia le anota otro set.

Un giro trágico suspende el partido

El golpe de estado de 1955 viene a dar por tierra el invicto de Mary: “Yo llegué a la vida argentina 20 años antes. Si a Evita no le perdonaban ser mujer, conmigo no iba a ser menos. Yo, además de Peronista, era una mujer que había logrado destacarme mundialmente en un deporte que, acá, era exclusividad de una élite masculina y esas cosas en este país no se perdonan”. De hecho, uno de sus rivales fue Enrique Morea, el otro gran tenista de la época, quien privilegió y defendió la élite del deporte blanco desde el Buenos Aires Lawn Tennis Club. Durante la Revolución Libertadora, Morea hizo el lobby necesario para que la Asociación Argentina de Tenis -intervenida por el gobierno golpista- enviara un telegrama a la Federación Internacional. En el escrito se pedía la exclusión de Terán de Weiss de toda competencia organizada por la principal entidad tenística a nivel mundial. El motivo: la desaprobación estatal de sus vinculaciones políticas con el gobierno recientemente depuesto. La petición fue rechazada. Se consideró que había persecución política y que, además, el improcedente pedido atentaba contra el espíritu del deporte. Por ese entonces, Mary Terán de Weiss estaba jugando el Abierto de Alemania Occidental y tuvo que quedarse en Europa para continuar su carrera deportiva.  

Su camino de éxito no fue difundido en nuestras tierras; la proscripción del peronismo era total. Cualquier ápice de recuerdo del Justicialismo era invisibilizado y ella, como embajadora del deporte Peronista argentino, sufrió el mismo destino. Escribió una carta en la revista El Gráfico, el 22 de julio de 1964, en la que declaraba: “Soy víctima de una inhumana e injusta persecución”. También desde Puerta de Hierro, Perón se lamentó: “¡En que mala hora hicimos pública nuestra gratitud! Apenas nos apartamos del poder, proscribieron su nombre de cuanto torneo pudiera intervenir por méritos propios”.  Durante su exilio sufrió muchas acusaciones; mientras en Buenos Aires, confiscaban sus bienes.

Al volver a la Argentina, recuperó parte de sus bienes confiscados y se mudó con su madre a un departamento en la avenida Santa Fe. Su mayor deseo era recuperar su carrera dentro de nuestro territorio nacional. El entonces presidente de River Plate, el mítico Don Antonio Vespucio Liberti, ofreció a Mary el club y el escudo para verla jugar. El Justicialismo y la hermandad peronista le deban una nueva oportunidad. Sin embargo, el resentimiento de la oligarquía seguía existiendo y ese logro no duraría mucho. Los equipos gorilas hicieron un boicot al primer torneo en el que Mary se presentaba después de su exilio.

Luego de que falleciera su madre, la soledad la abrumó. La “segunda proscripción” llevada adelante por la hegemonía del tenis -que aún se sentía victoriosa tras el golpe del 55- empeoraba su estado emocional ya delicado. Mary no pudo con la soledad y  tomó la trágica determinación de arrojarse al vacío desde un séptimo piso, quitándose la vida. Dijo su sobrino que “estaba cansada de sufrir tantas injusticias”. En el velatorio, se destacó la presencia de Enrique Morea, quizás como un pedido de disculpas ante su accionar vergonzante para con Mary.

El partido parece perdido. Como toda personalidad reconocida que se comprometió con el Peronismo y el destino de su país, Mary Terán sufrió los duros golpes de la revancha gorila. Se la boicoteó, se la intentó alejar del tenis, se la abandonó a la soledad y al silencio.  Sin embargo, trascender es una victoria. Mary Terán logró, como mujer, como peronista y como Pueblo, marcar la historia de nuestro deporte. Fue la primera mujer, la primera cabecita negra, en poner un deporte de elites a alcance de las mayorías. Mary fue nuestra “Maradona del tenis” o Diego fue el “Mary Teran del fútbol”, el orden poco importa. Lo que importa es que a Mary la inventó la Comunidad Organizada y la consagró el Peronismo. El Pueblo nunca la olvidará.


Ludmila Centurión Girola

Peronista, justicialista, detractora del feminismo cipayo, delegada sindical, UPCN, militante. Trabajadora de la educación y la comunicación. Remadora. Las cartas, el vino y el peronismo todas verdades argentinas.