El sindicalismo es Peronista o no es (parte 1)

“El Capitalismo ha aceptado al sindicalismo como un mal inevitable y lo ha combatido permanentemente (…) En el orden comunista, es una organización estatal sin libertad y sin decisión, que es peor.
¿Cómo concibe  el peronismo al sindicalismo? Lo concibe una organización libre, como una organización que trabaja por finalidades comunes a las del gobierno, porque nuestro gobierno no acepta los abusos y privilegios del capitalismo, ni acepta la tiranía de la clase trabajadora impuesta por el Estado del régimen comunista”

Juan Domingo Perón – Discurso en Congreso de la CGT (1952).

En la actualidad existe una campaña ruin y chabacana contra las estructuras sindicales, que representan los intereses obreros, para dar paso libre al orden de los poderosos. El liberalismo clásico, oligárquico y financiero, y los sectores progresistas de la centro-izquierda posmoderna, se complementan en sus acciones acusadoras para denostar la organización obrera argentina, buscando eliminarla al quitarles su legitimidad. Los primeros (oligarcas y banqueros) recurren a denuncias de corrupción a dirigentes sindicales, al punto de instalar en la memoria colectiva el falso sinónimo entre sindicalismo y robo. Los segundos (izquierda reciclada en la socialdemocracia) los acusan de “burocracia” y “burócratas” por no responder a la agenda globalista. Lo real y preocupante de esto es la denominación política que adoptaron algunos protagonistas del movimiento. Más de un valioso compañero Peronista ha caído en esta patraña, por lo cual, es necesario recurrir a algunos puntos interesantes desarrollados por el más extraordinario líder que parió la Patria: Juan Domingo Perón. 

Dijo el General en su obra Doctrina Peronista (1948): “El Ideal de un Estado no puede ser la carencia de asociaciones. Casi afirmaríamos que es todo lo contrario. (…) La Organización Sindical llegará a ser indestructible cuando las voluntades humanas se encaminen al bien y la Justicia, con un sentido a la vez Colectivo y Patriótico”.

Allí comienza a esbozar una forma de sindicalismo nacional, diferente a los internacionalmente conocidos, como el sindicalismo patronal inglés y norteamericano, también el sindicalismo de estado soviético y  corporativista italiano. Frente a los sindicatos patronales en países capitalistas, sostiene Perón: “Para nosotros la organización obrera es una necesidad imprescindible, porque sería imposible controlar cincuenta o cien mil fábricas sin el concurso de los gremios, que son nuestros inspectores (…) y esa función de control por parte de los sindicatos obreros es una de las importantes dentro de la organización del trabajo”. Con respecto a los sindicatos estatales y corporativistas sostiene: “No somos Sindicalistas de Estado ni Corporativistas ni ninguna de esas cosas raras; solamente somos hombres que queremos gremios unidos y bien dirigidos”

Durante la Revolución de 1943, en la que Perón fue cerebro y corazón, se aplicaron medidas como el Estatuto del Peón de Campo, mejoras salariales, aguinaldo, jubilación, establecimiento de seguro social, y específicamente se crearon tribunales de trabajo, que trajeron consigo el reconocimiento de las asociaciones profesionales, impulsadas desde la Secretaría de Trabajo y Previsión. El entonces coronel propuso la organización de sindicato único por rama y una sola central obrera, la Confederación General del Trabajo (CGT), bajo la forma de “sindicalismo nacional”.

 Dijo en La Fuerza es el Derecho de las Bestias (1956): “En cuanto a la organización sindical diremos simplemente que en 1945 existían 500 sindicatos agrupados en tres centrales obreras (Unión Sindical Argentina, CGT Nº1 Y CGT Nº2) con una cotización total de un millón de adherentes. En 1955 existe una sola central obrera (CGT), 2,500 sindicatos, con más de 6 millones de cotizantes”.
 

Como si leyera el futuro, antes que lo acusen de burócrata sindical y viese las pavadas propuestas por algunos, como la democratización sindical ( planteada como la descentralización gremial reduciéndolo todo al sindicato débil de base similar al patronal; propuesta por el Alfonsinismo en 1984, con Antonio Mucci a la cabeza, y llevado adelante por quienes dividen y fundan sindicatos políticos antes que obreros), el General decreta:  “Estamos en contra de la subdivisión de los Gremios. Es natural que los que tienen algo que perder con esta unificación, nos combatan desde todos los ángulos. A ellos les contestamos que no somos nada más que Argentinos; que no tenemos otra ideología que el Pueblo de nuestra Patria, ni otro partido político que la Patria misma; y que hemos de seguir bregando por lo que buenamente creemos que es el bien de ese pueblo, porque si no hiciéramos así, no mereceríamos gobernar.”    

Sindicalismo justicialista

La concepción justicialista del sindicalismo propuesta por el General superaba la sola discusión salarial y las condiciones de trabajo una vez conquistado lo indispensable.

 Durante un Congreso de la Confederación General del Trabajo celebrado en 1952, Perón expresaba con lucidez única  la independencia que pretendía para los sindicatos en una concepción gremial:
“Hay que darle entonces al sindicalismo la amplitud que el sindicalismo requiere para fortalecerse y para formar organizaciones realmente poderosas, como deben ser las organizaciones sindicales (…) En primer lugar, hay que crear una mutual. Mutualidad dentro del sindicato, para que no tenga que recurrir para la ayuda extraordinaria a sus asociados a otra organización que no sea el propio sindicato. La Mutualidad Sindical lleva la ayuda de la colectividad al hombre que por sus propios medios no puede atender al infortunio o al riesgo imprevisto de la profesión o de la vida.
En el orden de la Previsión social, la primera previsión que hace el hombre es su propio ahorro, y cuando tiene una necesidad saca los pesitos que depositó y cumple esa necesidad. Pero, cuando la necesidad es superior a su ahorro y a sus propias posibilidades, recurre al sindicato que mutualmente le presta un servicio que él no puede pagar por sus propios medios .
Esa mutualidad se utiliza para la conservación de los vínculos, para aumentar los vínculos entre los propios asociados del sindicato y para atender a la asistencia médica, pero hay otra organización que debe funcionar también dentro del sindicato para ayudar en forma colectiva a la necesidad de abastecimiento de todo el personal, y es la Cooperativa.
La cooperativa puede comenzar con el aporte de todos los miembros sindicales y después iniciar empresas para enriquecer los fondos de la propia cooperativa en forma de realizar un capital que permita contar allí también con una organización económica poderosa que pueda hacer frente en un tiempo equis a las necesidades del gremio en los estados de huelga o en estados de cualquier naturaleza.”

Perón propuso una organización cooperativa y mutualista del sindicato, con medios económicos propios y sin necesidad de intermediarios, que terminaría por tumbar los negocios solo reservados a un pequeño número de habitantes pertenecientes a la casta capitalista, quienes vivían de los que trabajan. La tenencia de medios económicos por parte de los sindicatos y su inversión destinada a saciar la necesidad de los obreros, permitía a los trabajadores no solo el acceso y auxilio económico que proveía el gremio, sino también asistencia social y cultural. Sobre esto último, Perón exigía la formación necesaria de sus dirigentes, sin lo cual sería difícil llevar adelante el proyecto Sindical Justicialista:
“No olviden que las organizaciones sindicales no valen tanto por la cantidad de gente que agrupan, sino por los dirigentes capacitados que la conducen. Las escuelas sindicales están destinadas a formar intelecto de la agrupación, a conformar y a consolidar los valores espirituales y la conciencia social que une al sindicato y, finalmente, son las que dictan las doctrinas y orientaciones sindicales por hombres capacitados, por hombres que en el sindicato dedican casi su vida integralmente al estudio de sus problemas y a la orientación de la masa y los propios intereses”.

Durante el Congreso cegetista del ’52, el General agregó:
“Además, el sindicato, en ese mismo aspecto, debe tener también una acción cultural destinada a la elevación de la cultura social de la masa, sin lo cual los sindicatos no progresarían en su conjunto. Esa acción de elevación de la cultura social va permitiendo que la masa adquiera, día a día, una elevación cultural (…) Los sindicatos deben tener secciones dedicadas a estudiar el problema del local propio para las centrales y sucursales sindicales; la construcción de la vivienda para sus asociados y la posibilidad de que los hijos de los asociados puedan iniciarse en la orientación profesional y en las carreras liberales donde es necesario que los obreros manden sus hijos. Debe haber médicos, abogados e ingenieros hijos de obreros (…) el Estado dará becas a los estudiantes hijos de los obreros que quieran seguir carreras liberales”.

Las escuelas de capacitación sindical, la escuela sindical universitaria, la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional, y la Universidad Obrera Nacional fueron creaciones del gobierno justicialista que pasaban a manos obreras a través de las estructuras sindicales, las mismas que hoy se intentan destruir como en 1955. “Señores, ¿no construimos viviendas y no fundamos bibliotecas públicas? Pero resultaría entonces que el sindicato tiene las mismas finalidades que el estado justicialista. Eso es precisamente lo que yo quiero, porque entonces son fuerzas paralelas. Ahí está la concepción justicialista o cómo encaja el sindicalismo dentro de la concepción justicialista: crear una fuerza de agrupaciones que realicen lo mismo que el Estado en su función, convirtiéndolas en fuerzas coadyuvantes para la felicidad y grandeza de la Nación y no como fuerzas antagónicas como resultan en el capitalismo o como fuerzas inocuas sometidas a la voluntad del Estado como resulta en los regímenes totalitarios”, explicaba Perón en el Congreso de la CGT en 1952.

Diego De Rosas

Militante Peronista.

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