Sobre el modelo de organización sindical argentino

Desde el gremialismo al movimiento obrero una recorrida por los estadios a de las organizaciones de trabajadores, la creación de la herramienta, la apropiación del movimiento obrero argentino y la consolidación con el Peronismo.


Las asociaciones sindicales modernas surgen en Europa a la luz del proceso de constitución de los Estados nacionales. Las sociedades empiezan a adquirir un orden capitalista caracterizado por la conformación de dos clases sociales antagónicas enfrentadas por la misma lógica del capital. La conquista por parte de la clase trabajadora de su derecho a agremiarse se desarrolla como una lucha progresiva que lleva muchos años y que tiene expresiones muy diversas en los diferentes países.

La idea de libertad que surge con la Revolución Francesa, punto de inflexión a partir del cual comienzan a constituirse los Estados modernos, inspira las luchas de las primeras experiencias de trabajadores organizados en el marco de relaciones de fuerza altamente desfavorables. En aquella época, la posibilidad de agremiarse constituía una transgresión a la ley. Recién a fines del siglo XIX, en la mayoría de los países de Europa, la posibilidad de constituir agrupamientos de trabajadores deja de ser un delito. Sin embargo, el reconocimiento del derecho a la conformación de asociaciones sindicales se produce más tarde como resultado de sangrientas luchas. Solo entonces comienza a reconocerse este derecho para los trabajadores europeos. La legislación francesa en 1901 crea la ley que reconoce por primera vez la personería jurídica a los sindicatos.

En nuestro país, la idea de libertad sindical va a adquirir diferentes contenidos a través de la historia, presentando importantes diferencias en relación al modelo sindical que predomina en Europa. Si bien en nuestro país existen diversas visiones al respecto, resulta necesario comenzar planteando que la historia del sindicalismo en la Argentina se produce mediante un proceso totalmente diferente al europeo. Más allá de las diferentes tradiciones que fueron influenciando a estas organizaciones, es a partir de la creación de la Secretaría de trabajo y previsión en 1943 por pedido explícito de Juan Perón, que se comienza a escribir otra historia: la historia de los trabajadores argentinos como sujeto histórico. Juan Perón comprende que la organización de los trabajadores debe ser la columna vertebral del Movimiento Nacional Justicialista que sostendría en el tiempo un proyecto de país enarbolando tres banderas inclaudicables: soberanía política, independencia económica y justicia social.

Entiende, entonces en tal sentido que debe generar las condiciones necesarias para que los trabajadores posean las herramientas necesarias para generar y consolidar poder y autonomía.

El modelo sindical argentino da un salto cualitativo y encuentra su especificidad a partir de los sucesos de octubre de 1945. Si bien este proceso no fue lineal, es a partir del peronismo que nuestros sindicatos empiezan a escribir una historia propia. Una historia única que es desglosada por Juan Perón, quien entiende que los trabajadores viven al mundo del trabajo como un espacio que los construye como comunidad; el tiempo y las relaciones fraternas que se forman a la luz de las necesidades concretas de cumplir con los objetivos de producción o servicio; pero más aún como un lugar que les permite proyectar, pensar en la familia, la casa propia, las vacaciones, en poder ser y hacer cultura; el desarrollo propio que la persona necesita para sentir que puede tener trascendencia. El hacer junto con otros, promueve los lazos de fraternidad y solidaridad que van a caracterizar al Movimiento Obrero Nacional. Esto va a determinar todo el devenir del proyecto de país que se enmarca en la Doctrina Nacional Justicialista.

Desde mediados del siglo XIX comienza a conformarse de manera embrionaria la organización de los trabajadores a través de mutuales de socorros mutuos que en muchos casos se irán convirtiendo en sindicatos. Ya a comienzos del siglo XX en la Argentina coexistirán en los primeros gremios sindicatos diferentes tradiciones ideológicas: anarquistas, socialistas, comunistas, etc. Estas tradiciones constituirán el basamento a partir del cual nuestros trabajadores se darán una propia organización sindical de acuerdo a sus necesidades, a sus intereses nacionales y a su historia. Este modelo sindical argentino se constituye a partir de 1945 quedando expresado en la ley 23.852 de asociaciones profesionales que promueve Juan Perón. Este modelo sindical que se constituye a la luz de la experiencia peronista tiene un rasgo fundamental que le permite perdurar en el tiempo y es que se constituye como un sindicalismo con autonomía del Estado. Asimismo, la forma de Estado que va a dar lugar a este modelo sindical va a identificarse con lo nacional y popular, y se regirá por los principios de una patria justa, libre y soberana.

Asimismo, en la Argentina el modelo de acumulación agroexportador que surge a fines del siglo XIX cuando comienza a configurarse el Estado moderno en la Argentina es de carácter extractivo y se encuentra en función de las necesidades de desarrollo de estas potencias entonces imperantes y no de las necesidades de desarrollo de nuestro país ni de nuestro continente. Por eso el modelo sindical que surge con el peronismo va a ser acorde a ese otro modelo de acumulación llamado de industrialización por sustitución de importaciones que pretende reorientar el sistema productivo en función de un desarrollo nacional: redistribución de la riqueza, producción para consumo del mercado interno y desarrollo de la industria. Para eso el modelo estatal que se corresponde es un Estado de bienestar con fuerte presencia en las negociaciones entre el trabajo y el capital. A su vez, este Estado va a permitir la participación activa de las mujeres en la política, la conquista de derechos para los niños y ancianos y la formación para los jóvenes, dando como contraparte la idea de un trabajador que gana terreno en sus derechos sociales, políticos y culturales.

La ley de asociaciones profesionales de 1945 promueve, además, un avance fundamental para los trabajadores argentinos al otorgarles personería gremial a aquellos sindicatos únicos que por rama, oficio o actividad fueran los más representativos para sus trabajadores. Desde entonces nuestra legislación expresa claramente la posibilidad que tienen nuestros trabajadores de participar de la vida gremial así como de afiliarse o desafilarse al gremio que deseen sin tener que dar ninguna explicación ni a sus empleadores ni a ningún otro. Cabe acotar que dicha ley sienta las bases de un modelo sindical, que sustenta sus principios de organización en su rama o actividad, que a su vez se desarrolla en la necesidad de unidad y se piensa a sí misma como Organización libre del Pueblo; en tanto decide colectivamente sobre sus necesidades e intereses y extiende sus lazos y relaciones con el conjunto de comunidades que conforman el Pueblo. Actualmente, si bien rige la ley 23.511 para las asociaciones sindicales, la misma tiene una fuerte inspiración en la ley 23.852. En el actual modelo sindical argentino prima la unicidad, es decir que existe un solo gremio por arte, oficio o profesión o en su caso por actividad que representa a los trabajadores. A ese Sindicato se le confiere a través de la autoridad de aplicación, la personería gremial. Este modelo representa grandes ventajas en lo que refiere, por ejemplo, a la capacidad de negociación salarial o la representatividad del colectivo de trabajadores frente al empleador.

Esta idea de libertad sindical está asociada sobre todo a la posibilidad de constituir un cuerpo colectivo que tenga posibilidad, dadas determinadas relaciones de fuerza existentes, de tener una situación de poder y de decisión que le permita dar curso a las necesidades de los trabajadores. Resultó absolutamente evidente que los individuos aislados no generan capacidad política en ningún casi ni en ningún ámbito, esa idea de libertad de raigambre liberal no habla más que de una idea de libertad abstracta configurada a partir de cierta coacción externa que se impone a través de ciertos mandatos sociales. Por el contrario, nosotros, los Peronistas, entendemos la libertad, como la posibilidad de ser artífices de nuestro propio destino, a partir de la construcción de una libertad colectiva, en donde la libertad de uno es el aporte a la libertad del conjunto, por lo que no existe la libertad individual si no existe la libertad de todo el conjunto. Para poder hacerlo resulta imprescindible que colectivamente podamos cimentar un poder que pueda hacerle frente a los poderes que históricamente han acechado a nuestra nación. Vivimos en una sociedad desigual y en conflicto permanente, donde únicamente, mediante una ficción ideológica, podemos pensar que solos en nuestro carácter de individuos aislados podemos ser ciudadanos libres en igualdad de condiciones cuando esos derechos se diluyen desde el mismo momento en que nos enfrentamos a la lógica del mercado. La concepción de modelo de organización sindical en la Argentina históricamente ha necesitado de la idea de unidad para hacer frente a los sectores con poder. En un momento fundacional para la política y para el sindicalismo argentino, la Plaza del 17 de octubre de 1945, Juan Perón instando a los trabajadores a organizarse diría: “Únanse; sean más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra la unidad de todos los argentinos.”

Pensamos a la democracia sindical como la organización de los trabajadores para hacerle frente a la explotación a la que se encuentra sometida toda persona en términos de individuo aislado, atomizado; cuyo objeto es el de mejorar la situación política, económica, social.

Muchas de las conquistas vividas estos últimos años en la Argentina retomaron la experiencia de los primeros gobiernos peronistas donde, bajo la bandera de la justicia social, los trabajadores transformaron sus situaciones de vida en el marco de una constante ampliación de derechos.

Hoy la historia vuelve a interpelarnos y en un contexto de crisis económica, política y social, los sindicatos vuelven a estar en el centro de la escena, dejando en evidencia que son la herramienta más poderosa que tiene el pueblo trabajador argentino para poner los límites que sean necesarios, en cada momento y en cada lugar, y así, como nos enseñó Juan Perón, dar la pelea ante el ataque y la embestida deliberada del enemigo histórico de los trabajadores y de nuestra causa: la oligarquía.

Nada sin Perón.


Por Mariana Larrea Gadea: Historiadora, Militante política y sindical, Peronista y Delegada de UPCN Ministerio de Desarrollo Social. Colaboración de Florencia Inés Gómez: Socióloga, Delegada de la secretaría de capacitación UPCN Ministerio de Desarrollo Social