Perón-Francisco: etapa universalista del Justicialismo

A partir de la elección del Cardenal Jorge Bergoglio al frente de la Iglesia Católica, existieron muchas repercusiones tanto mediáticas como políticas: por un lado, los medios concentrados de información intentaron la separación completa de la figura del nuevo Papa de nuestro Movimiento Nacional; por otro lado, la militancia política de base reconoció en Francisco una extensión doctrinaria del Justicialismo.

Desde su gestación hasta su realización, la Doctrina Justicialista está embebida de Cristianismo. Sin ir demasiado lejos, la definición que nos da Juan Perón sobre el Justicialismo habla por sí misma: “El Justicialismo es una nueva filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista”.

Desde un principio, se puede observar como la problemática social y la realización de Comunidad son puntos en común. Desde la Iglesia, analizando la puja entre capital y trabajo, se dan a conocer las encíclicas Rerum novarum (León XIII, 1891), y la Quadragesimus annus, (Pío XI, 1931). En la Rerum novarum, la Iglesia Católica asume los desafíos derivados del ascenso del capitalismo, reivindica la problemática social como tema central, tanto es así que fomenta la formación de organizaciones sindicales. La encíclica Quadragesimus annus, hace un repaso acerca de los aciertos de la Rerum novarum, trata sobre las condiciones de los trabajadores, sus salarios y el sustento para sus familias. Ambas encíclicas condenan igualmente al Individualismo Liberal y al Comunismo: otro punto en común con el Justicialismo y clave en la “Tercera Posición”. Juan Perón las consideraba adulteraciones del ideal que debía tener una Comunidad. “En la consideración de los supremos valores que dan forma a nuestra contemplación del ideal, advertimos dos grandes posibilidades de adulteración: una es el individualismo amoral, predispuesto a la subversión, al egoísmo (…) otra reside en esa interpretación de la vida que intenta despersonalizar al hombre en un colectivismo atomizador”.

Hoy en día, sigue siendo el tema central y de lucha, no solamente en nuestro país, sino universalmente hablando, cómo generar esa Comunidad Organizada, armoniosa, construida de abajo para arriba, cuidando las individualidades, en tanto y en cuanto, las mismas se desarrollen en una comunidad que se desarrolla; eje axial de la obra filosófica del Justicialismo, “La comunidad organizada”, “el hombre como portador de valores máximos y célula del bien general”, entonces, podemos decir que al frente de la Iglesia se encuentra un hombre que comulga con el concepto de Común-Unión expresado en estas líneas. Francisco ha demostrado desde el principio de su papado, el compromiso de la Iglesia para con los más necesitados, con el reclamo de los jóvenes,con la generación de trabajo digno, con la solidaridad y en contra de la frivolidad y del Dios dinero, de la ambición y por consiguiente, en contra del sistema que los favorece, el capitalismo salvaje. El valor agregado a este trabajo realizado por Francisco es el carácter universalista, que irradia a escala planetaria debido al alcance que tiene la fe cristiana y, desde ese lugar, se critica la estructura de poder y el sistema de valores de la sociedad mundial y al mismo tiempo se genera conciencia acerca del cuidado de la “casa común”.

El universalismo, etapa superior al continentalismo, tema desarrollado por Juan Perón, es, sin más, la etapa vivida y conducida por Francisco, con un objetivo claro y beneficioso para todos: la lucha por la integración social del hombre en la Tierra. “Mientras se realice el proceso universalista, existen dos únicas alternativas para nuestros países: neocolonialismo o liberación. Construir al mundo en su conjunto exige liberarse de dominadores particulares. Es esta, pues, la esencia conceptual de nuestra posición, que tendrá que ser plasmada, más allá de fronteras ideológicas”.

Francisco, apelando a la conciencia colectiva de la Humanidad, intentando dar por tierra las mencionadas barreras ideológicas, nos plantea su posición universalista en la lectura de su Encíclica Laudato Si, en la que sostiene, al igual que Juan Perón, la supervivencia del Hombre y el cuidado de la Madre Tierra, combatiendo la degradación ambiental y el cambio climático, y a la vez, haciendo una profunda y dura crítica al consumismo y al materialismo como forma de vida. Marca, entonces, una forma distinta de relación, que necesita ser militada y trabajada para darle un marco de inclusión y comprensión más extenso aún.

Juan M. Rodiño López

Trabajador. dirigente sindical. Justicialista

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