Porque debemos defender al Papa Francisco

Por Aldo Duzdevich: Autor del libro «Salvados por Francisco»  y «La Lealtad». Exlegislador del Partido Justicialista de Neuquén.

«Soy un miltante, un soldado de una causa justa que para mi, es el peronismo. Me inicie en la JP alla en los 70, cuando las utopias eran bellas, y la vida se proponia muy corta. Para 30 mil, la vida fue muy breve. Los sobrevivientes aqui estamos, añorando el tiempo que paso. Y disfrutando de las nuevas flores que van floreciendo»

Cuando arranque con la idea de escribir el libro Salvados por Francisco, encontré mucha gente con  dudas respecto su figura. Algunos viejos amigos pertenecientes a la Iglesia, me aconsejaron  ser muy prudente. Entre la ex militancia setentista encontré mejor eco que entre algunos grupos católicos. La mayoría lo apoyan firmemente, otros lo miran con desconfianza y algunos tienen internalizado el discurso del cura “colaborador de la dictadura.”

Necesitaba explicarles y explicarme porque razón me di a esta tarea  de investigar y escribir sobre su verdadera historia contradiciendo las voces de algunos consagrados periodistas-escritores que no pierden oportunidad de patearle los tobillos.

Hace unos meses fui invitado por la Comunidad Umbral a escuchar al filósofo y epistemólogo Ricardo Gómez quien iba a exponer sobre el discurso del Papa Francisco ante los Movimientos Populares en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Ricardo comenzó su exposición con la frase “el discurso de Francisco en Santa Cruz de la Sierra es el más formidable manifiesto contra el capitalismo y neoliberalismo contemporáneo.”

Me quedo dando vueltas en la cabeza esa definición tan concluyente y categórica. Yo no había leído ese discurso, y pasaron varios meses hasta que búsqueda mediante, lo encontré y quede sorprendido y conmovido por su lectura.

Entonces me dije, esta es la razón más simple de explicar porque, aquellos que pertenecemos al campo nacional y popular, debemos formar un muro de escudos en  defensa del  Papa Francisco.

Aquí va la transcripción de algunos párrafos que considero esenciales pero recomiendo su lectura completa.

“Esto así, insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos… Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra como decía San Francisco.”

“La ambición desenfrenada de dinero que gobierna. Ese es el estiércol del diablo. El servicio para el bien común queda relegado. Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y, como vemos, incluso pone en riesgo esta nuestra casa común.”

“La primera tarea es poner la economía al servicio de los Pueblos: Los seres humanos y la naturaleza no deben estar al servicio del dinero. Digamos NO a una economía de exclusión e inequidad donde el dinero reina en lugar de servir. Esa economía mata. Esa economía excluye. Esa economía destruye la Madre Tierra.”

“La distribución justa de los frutos de la tierra y el trabajo humano no es mera filantropía. Es un deber moral. Para los cristianos, la carga es aún más fuerte: es un mandamiento. Se trata de devolverles a los pobres y a los pueblos lo que les pertenece.”

“El destino universal de los bienes no es un adorno discursivo de la doctrina social de la Iglesia. Es una realidad anterior a la propiedad privada. La propiedad, muy en especial cuando afecta los recursos naturales, debe estar siempre en función de las necesidades de los pueblos. Y estas necesidades no se limitan al consumo. No basta con dejar caer algunas gotas cuando lo pobres agitan esa copa que nunca derrama por sí sola.”

Ningún poder fáctico o constituido tiene derecho a privar a los países pobres del pleno ejercicio de su soberanía y, cuando lo hacen, vemos nuevas formas de colonialismo que afectan seriamente las posibilidades de paz y de justicia porque «la paz se funda no sólo en el respeto de los derechos del hombre, sino también en los derechos de los pueblos particularmente el derecho a la independencia»

Los pueblos de Latinoamérica parieron dolorosamente su independencia política y, desde entonces llevan casi dos siglos de una historia dramática y llena de contradicciones intentando conquistar una independencia plena.

A pesar de estos avances, todavía subsisten factores que atentan contra este desarrollo humano equitativo y coartan la soberanía de los países de la «Patria Grande» y otras latitudes del planeta. El nuevo colonialismo adopta diversa fachadas. A veces, es el poder anónimo del ídolo dinero: corporaciones, prestamistas, algunos tratados denominados «de libres comercio» y la imposición de medidas de «austeridad» que siempre ajustan el cinturón de los trabajadores y de los pobres.

En otras ocasiones, bajo el noble ropaje de la lucha contra la corrupción, el narcotráfico o el terrorismo –graves males de nuestros tiempos que requieren una acción internacional coordinada– vemos que se impone a los Estados medidas que poco tienen que ver con la resolución de esas problemáticas y muchas veces empeora las cosas.

Del mismo modo, la concentración monopólica de los medios de comunicación social que pretende imponer pautas alienantes de consumo y cierta uniformidad cultural es otra de las formas que adopta el nuevo colonialismo. Es el colonialismo ideológico.

Pope Francis is flanked by Bolivian President Evo Morales (R) as he arrives in La Paz, Bolivia, July 8, 2015. REUTERS/Alessandro Bianchi

El colonialismo, nuevo y viejo, que reduce a los países pobres a meros proveedores de materia prima y trabajo barato, engendra violencia, miseria, migraciones forzadas y todos los males que vienen de la mano… precisamente porque al poner la periferia en función del centro les niega el derecho a un desarrollo integral. Y eso hermanos es inequidad y la inequidad genera violencia que no habrá recursos policiales, militares o de inteligencia capaces de detener.

Digamos NO entonces a las viejas y nuevas formas de colonialismo. Digamos SÍ al encuentro entre pueblos y culturas. Felices los que trabajan por la paz.

Para finalizar, quisiera decirles nuevamente: el futuro de la humanidad no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los Pueblos; en su capacidad de organizar y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio. Los acompaño. Y cada uno Digamos juntos desde el corazón: ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez.


Aldo Duzdevich

Autor del libro «Salvados por Francisco» y «La Lealtad». Exlegislador del Partido Justicialista de Neuquén.

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