Partido Peronista Femenino: organización y liderazgo

El Partido Peronista Femenino (PPF) quedó formalmente creado el 29 de julio de 1949 luego de una asamblea en la que hablaron alrededor de 200 mujeres por jornada durante tres días en el Teatro Nacional Cervantes de la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, quedaba por delante el desafío de construir una organización capaz de transformarse en la herramienta política de las mujeres del movimiento nacional. Juan Perón confió esta tarea a Eva Duarte de Perón, que nuevamente demostró su capacidad organizativa y de liderazgo, y en pocos meses logró que el PPF tuviera su sede en cada provincia.

Perón y Eva buscaban al mismo tiempo que el Partido Peronista Femenino no estuviera atravesado por las internas de su versión masculina, y que les respondiera de forma rápida y sin cuestionamientos. Para lograr ese objetivo era necesario pensar una estructura organizativa claramente jerárquica y radial en cuyo centro se ubicara la presidenta del partido, Eva Perón.

“Nuestro programa, nuestra elevada misión de mujeres, de trabajadoras y ciudadanas peronistas es reforzar y consolidar nuestra unidad femenina, propalar y popularizar la doctrina de Perón, transformándonos en sus orgullosas abanderadas e incansables portavoces en todos los sectores de la vida nacional”, les explicó Eva a las representantes de todo el país.

Luego de la Asamblea del PPF, las mujeres retornaron a sus lugares de procedencia y Eva comenzó la selección de quienes serían las delegadas censistas en cada provincia. Se les asignó ese nombre porque debían censar a las mujeres para que pudieran votar, y tendrían como objetivo el de unificar todos los centros cívicos femeninos bajo su esfera. Además, debían tomar nota de cuáles eran las problemáticas que atravesaban las mujeres de todo el país. “Necesitamos saber cuántas, qué problemáticas tenemos y en qué lugar se presentan cada una de esas situaciones”, les decía Eva.

Las delegadas censistas fueron mujeres jóvenes, de sectores medios, e instruidas, muchas de ellas maestras, profesión con un muy alto prestigio social. Evita eligió a 23 mujeres de su extrema confianza para que llevaran adelante la misión de armar el partido en cada provincia. Para evitar la construcción de caudillismos, en ningún caso se asignó ni a la esposa de un gobernador, ni a ninguna familiar de estos, y las mujeres eran designadas en provincias en las que nunca habían vivido. Hubo una sola excepción: Catalina Allen, quien era una persona de total confianza de Elena Caporale, la esposa del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Domingo Mercante. Eva tenía a Elena en muy alta estima, y por eso designó a alguien allegada a ella.

Si quienes habían sido elegidas como delegadas censistas estaban casadas, eran desplazadas a esa provincia junto a su marido -a quien se le conseguía un trabajo- y a sus hijos. Invito a que hagan el ejercicio de pensar lo que implicaba en esa época que el hombre siguiera a la mujer en un proyecto de esta naturaleza, es decir, para hacer política.

Luego de estudiar cada caso y de realizar entrevistas, el 14 de octubre las 23 delegadas (una por cada provincia y territorio nacional) recibieron la carta de Eva en la que se les designaba la misión y se les informaba que el 22 de octubre partirían a la ciudad a la que habían sido asignadas.

Antes de comenzar el viaje Perón les dijo: “Es inmensa mi satisfacción de verlas alegres y felices en este acto. Deseo que puedan llevar esta alegría peronista, (…) pensando que todos tenemos la obligación de ir esparciendo a lo largo de nuestra patria nuestra doctrina, que proclama la felicidad de los argentinos y la grandeza de la Nación”.

Las delegadas fueron recibidas en las provincias por los gobernadores con mayor o menor entusiasmo, pero cumpliendo con la orden que había dado Eva de que se les proveyera con los recursos que ellas pidieran. Es importante destacar que, si bien las delegadas podían mantener contacto con los gobernadores, estas reuniones o diálogos debían ser consultados primero e informados después, y que el gobernador no podía entrar ni realizar discursos en la sede partidaria local [1]. Ni el gobernador, ni ningún dirigente del partido, ni de sindicatos. Para ser más precisa: ningún hombre podía entrar en las sedes del PPF [2].

El primer objetivo que les fijó Eva a las flamantes delegadas fue el de inaugurar la sede central del PPF en la provincia a la que habían sido destinadas el 30 octubre, tan solo ocho días después de haber llegado al lugar. El local debía estar en pleno centro de la capital provincial y si bien Eva ya se había ocupado de preseleccionarlos, las delegadas debían ponerlo en condiciones y difundir el acto inaugural en un lugar del país en el que no conocían a nadie, ni nadie las conocía.

Todas las delegadas lograron la meta y el 1° de noviembre de 1949, el PPF tenía una sede en cada provincia y territorio nacional. Esto muestra que Eva eligió para ese cargo a mujeres con una gran capacidad de trabajo y sacrificio. Les pedía que la sede estuviera abierta desde las ocho de mañana hasta las ocho de la noche, y que además de censar, se dictaran cursos y talleres de capacitación profesional y política para llenar de vida a los locales.

Además, las delegadas debían armar informes semanales comentando la cantidad de mujeres que se habían censado, los contactos con otras organizaciones que pudieran haber tenido, si habían conseguido los recursos que se necesitaban, un balance con los gastos y todas las apariciones en medios locales, con copia de los artículos. De esa forma Eva podía evaluar el desempeño de las delegadas en las provincias.

Una vez que se había estabilizado la actividad en la sede provincial del partido, las delegadas debieron partir hacia las ciudades del interior de las provincias para censar y comenzar a hacer entrevistas con el objetivo de designar subdelegadas censistas, que serían las que armarían el partido en esas localidades.

Luego de realizar las entrevistas, las delegadas mandaban los informes sobre las candidatas a Buenos Aires, y sus perfiles eran analizados de forma rigurosa por Eva. Algunas fuentes aseguran que la presidenta del partido pedía los informes policiales de cada una.

En un año y medio, el Partido Peronista Femenino logró contar con 3600 subdelegadas censistas, es decir, más de tres mil locales en todo el país.

Eva les exigía mucho a las delegadas. Esfuerzos familiares, ya que debían estar mucho tiempo avocadas al trabajo partidario. Esfuerzos físicos, porque cuando tocaba ir a censar a las localidades del interior, no había geografía o clima que fuera excusa para dejar de hacerlo. Pero devolvía ese trabajo con reconocimiento, contención y calidez.

Eva llamaba todos los domingos a cada una de las 23 delegadas para saber cómo estaban y si necesitaban algo. Cada dos meses viajaban las delegadas junto a las subdelegadas censistas de las provincias a la capital del país, y Eva las recibía en la residencia de Olivos y en la Casa Rosada. Miles de mujeres conocieron por primera vez Buenos Aires. Y si algún dirigente interfería en el trabajo de alguna de ellas, Eva en persona se ocupaba de que se enteraran de su enojo.

Cada delegada sabía que contaba con el respaldo político y personal de Eva. De ahí el gran vínculo que desarrolló con cada una de ellas. En entrevistas en las que se las puede escuchar referirse a Eva, ellas hablan con devoción, admiración y cariño. “Ella trabajaba más que ninguna”, “Nunca nos pidió más que lo que ella hacía”, repiten una y otra vez.

Y todo ese trabajo tuvo su resultado político institucional.

“El voto que hemos conquistado es una herramienta nueva en nuestras manos. Pero nuestras manos no son nuevas en las luchas, en el trabajo y en el milagro repetido de la creación. Bordamos los colores de la Patria sobre las banderas libertadoras de medio continente. Afilamos las puntas de las lanzas heroicas que impusieron a los invasores la soberanía nacional. Fecundamos la tierra con el sudor de nuestras frentes y dignificamos con nuestro trabajo la fábrica y el  taller. Y votaremos con la conciencia y la dignidad de nuestra condición de mujeres”, decía Evita.

El 11 de noviembre de 1951 las mujeres de la República Argentina pudieron votar a nivel nacional por primera vez, y lo hicieron de forma masiva. Mientras que asistieron a votar el 86,08 por ciento de los hombres habilitados, participaron el 90,32 por ciento de las mujeres del padrón. A nivel nacional, el Partido Peronista obtuvo el 63,9 por ciento de los votos, mientras que entre las mujeres alcanzó el 70 por ciento en algunos distritos.

Pero ese día, las mujeres no solo pudieron elegir, sino que pudieron ser elegidas. Es así que fueron candidatas cientos de mujeres a nivel nacional y provincial. En el Congreso nacional entraron 29 diputadas y fueron elegidas seis senadoras, todas ellas peronistas. En esas elecciones el Partido Radical, principal partido opositor, no llevó ninguna candidata mujer en ninguna lista [3].

Dentro del Congreso de la Nación, las mujeres no ocuparon lugares testimoniales. En la Cámara de Diputados las legisladoras recién electas ocuparon la presidencia de las comisiones de Asuntos Exteriores y Culto, y de Territorio Nacionales, dos comisiones de gran importancia política. En el Senado, por otra parte, encabezaron las comisiones de Acuerdos, de Trabajo y Previsión, y de Educación. Además, Delia Parodi, una de las primeras delegadas censistas, fue Vicepresidenta Primera de la Cámara de Diputados de la Nación Argentina.

El 26 de julio de 1952 Eva Perón falleció y si bien la rama femenina sintió fuertemente el impacto, continuó trabajando y logró que se aprueben dos proyectos de ley en el Congreso: la ley de divorcio y la ley de hijo naturales, por la que los hijos fuera del matrimonio tenían los mismos derechos que los nacidos bajo esa institución. Se las llamó leyes Evita.

El Partido Peronista Femenino continuó existiendo hasta el golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955, cuando la autoproclamada Revolución Libertadora proscribió al peronismo. En el artículo primero del decreto 1855 de 24 de noviembre de 1955 el gobierno de facto declara “disueltos los Partidos Peronistas Masculino y Femenino en todo el territorio de la República”. Y en el decreto 4161 de 1956 se prohíbe la utilización de cualquier palabra o símbolo vinculado al peronismo, a Perón o a Evita.

A partir de ese momento, muchas de las delegadas censistas fueron encarceladas y perseguidas durante los años que duró la resistencia, pero esa historia es digna de una colección de artículos que presentaremos en el futuro.


[1] Existieron algunos casos en los que quien había sido enviada por Eva desarrolló una relación política con el gobernador local, y fue removida del cargo.

[2] Para evitar que las mujeres participen en política muchos sectores acusaban de prostitutas a quienes comenzaban a comprometerse. Para evitar que las mujeres tuvieran reticencias por este motivo, se prohibió el ingreso de los hombres a las sedes. De esa forma el insulto no tenía sentido.

[3] Los partidos que llevaron candidatas mujeres a nivel legislativo o ejecutivo en las elecciones de 1951 fueron el Partido Peronista, el partido Socialista, el Partido Comunista y el Partido Demócrata Progresista.


Soledad Palomino

Delegada Sindical. Licenciada en Ciencia Política (UBA) – docente de la materia Primera Década Peronista de la Carrera de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Estudiante de la Maestría en Ciencia Política y Sociología de Flacso.

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